Aunque cada vez menos, el crédito al consumo sigue siendo a veces un gran desconocido, especialmente a nivel de los profesionales del derecho. Si queremos definirlo, podemos usar el propio artículo 1 de la Ley 16/2011 de contratos de crédito al consumo (en adelante LCCC) que que dice que “Por el contrato de crédito al consumo un prestamista concede o se compromete a conceder a un consumidor un crédito bajo la forma de pago aplazado, préstamo, apertura de crédito o cualquier medio equivalente de financiación.”

Dos cuestiones relacionadas que nos ofrece la propia LCCC:

Sólo serán considerados consumidores las personas físicas y, muy importante para muchos profesionales, la forma de la financiación, como dice la definición, no diferencia a efectos de su consideración como crédito al consumo, si estamos ante un préstamo o ante una línea de crédito revolving. Ambos lo son si cumplen los requisitos establecidos.

A propósito de lo anterior, para el consumidor es importante la diferencia entre préstamo y crédito revolving. El primero, básicamente, es el contrato por el que se presta una cantidad determinada de dinero a devolver, con un tipo de interés fijado en el contrato, en un número de plazos previamente acordado.

Mediante el segundo, el banco pone a disposición del consumidor una cantidad de dinero que puede ir usando conforme a sus necesidades y devolviendo las disposiciones que realiza mediante mensualidades consistentes en un porcentaje sobre el total que han puesto a su disposición. Además, con la mensualidad, la parte destinada a amortizar capital revierte y realimenta el disponible de la línea de crédito. Por tanto, a diferencia del préstamo, la línea de crédito revolving no tiene un punto final preestablecido.

Los préstamos sin interés

Un préstamo sin interés, también denominado como “préstamo gratuito”, es aquél en el que el tipo de interés (TIN) es cero y la tasa anual equivalente (TAE) es cero también. La mejor definición de lo que es el TIN y la TAE las pueden encontrar pinchando el enlace de ambas.

En un préstamo clásico todos aceptamos que nos den la cantidad de dinero solicitada y la devolvamos con más un incremento que está destinado a intereses. Sin embargo, nos extraña enormemente (principalmente cuando existen problemas de impago o similares no cuando lo contratamos) la existencia de un préstamo en el que no nos cobren interés alguno ni cualquier otro gasto, es decir, que tenga TIN y TAE igual a cero.

Muchos hemos adquirido un bien en establecimientos comerciales con ese eslogan de “Pague en doce meses sin intereses”. Entonces ¿Por qué extraña tanto a algunos?

La LCCC excluye de su aplicación “Los contratos de crédito concedidos libres de intereses y sin ningún otro tipo de gastos…”, si bien tras la denominada “Crisis de las academias de idiomas” se introdujeron modificaciones que fueron trasladadas a la actual ley, de tal modo que, aunque el préstamo sea gratuito, se presumirá que no lo es si el prestamista y el establecimiento comercial han pactado algún tipo de retribución.

¿Qué efecto tiene esto en el consumidor? Respecto a lo que debe devolver como nominal de la cantidad que le ha sido prestada nada. La controversia radicará, en caso de existir algún incumplimiento durante el desarrollo del contrato, de si ese préstamo estará, si se me permite la expresión “bajo el paraguas” de la LCCC o no lo estará. Si el establecimiento comercial ha abonado cantidad alguna al banco (una cantidad que, por lo general, serían los intereses del préstamo que en condiciones normales debería pagar el cliente). Pero el cliente tendrá a su favor que el banco deberá probar esas circunstancias para destruir la presunción de la no existencia legal de préstamo gratuito.

Pero visto esto, ¿qué gana una Entidad de Crédito con un préstamo a devolver sin intereses?

Evidentemente obtiene un beneficio, no tan tangible como los intereses remuneratorios, pero sí importante: Cuota de mercado, aumentar su cartera de clientes, los futuros productos que esos clientes de un préstamo gratuito contratarán en el futuro con la Entidad (productos con remuneración para el prestamista tales como tarjetas u otros préstamos)…

Por tanto, el ánimo de lucro de una Entidad de Crédito es indudable y, en muchos casos, el mismo seguirá siendo ínsito a su actividad de concesión de préstamos… aunque éstos tengan en alguna ocasión la TAE igual a cero.

Ignacio San Martín
Responsable de Jurídico Procesal, Protección de Datos y Asesoramiento Jurídico de Negocio
Cetelem España