El pasado del Crédito al consumo en España según Cetelem

Para encontrar los orígenes del crédito al consumo debemos remontarnos a mediados del siglo XIX, a países del sur de Europa como España, Francia, Italia o Portugal. Fue en 1848 cuando el fabricante de máquinas de coser Singer (empresa mítica para muchas familias y profesionales) inventó la fórmula de la compra a plazos. Mediante esta fórmula de pago, muchas personas pudieron sufragar la adquisición de un producto cuyo elevado coste hacía muy difícil su adquisición. Pero para que aquel modelo crediticio aterrizara definitivamente aún tuvieron que pasar algunos años.

En España, la forma de consumo es el reflejo de nuestra propia historia. Debido a la Guerra Civil y a la situación económica de las décadas de postguerra bajo la dictadura, el consumo de masas no se inicia en nuestro país hasta finales de los años 50.

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En 1848, el fabricante de máquinas de coser Singer inventa la fórmula de la compra a plazos.

En los 60 nace un nuevo tipo de consumidor que ansía romper con las limitaciones de la tradición franquista. Se construyen los primeros grandes almacenes que, gracias al crédito al consumo y a la venta a plazos, ayudan a mejorar el equipamiento de los hogares españoles. Asistimos, igualmente, a la aparición de lo que se ha venido a denominar economía doméstica, es decir, la gestión del consumo en el ámbito del hogar y las comunidades. La publicidad, por último, comienza a ser entendida como un espacio de libertad para un consumidor que asume nuevos hábitos y nuevos mensajes cargados de aperturismo y modernidad.

El crédito al consumo se asienta en España una vez superada la Crisis del Petróleo de 1973, que supuso un freno del crecimiento económico a escala mundial. Gracias a este modelo, la clase media puede hacer realidad sus deseos de adquisición de bienes y servicios, de forma que comienza a desarrollarse el consumo doméstico.

La llegada de la democracia

Una década más tarde, a mediados de los 80, el crédito vive un crecimiento espectacular y España se suma así a una tendencia de consumo que llevaba años implantada en el resto de Europa. Como asegura Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, se pasa entonces a la idea de la “capacidad de crédito como riqueza virtual y a un estilo de vida donde el crédito se confirma como una parte de todo un sistema de vida y de desarrollo personal.

En 1989 se amplía la oferta de contenidos y publicidad gracias al nacimiento de las televisiones privadas. Es en ese momento cuando varias entidades de crédito al consumo, entre ellas Cetelem, se asientan en España. Empiezan a generar confianza entre los consumidores con su apuesta por el endeudamiento sano, basado en una relación de transparencia y estrecha confianza con el cliente. El crédito al consumo se consolida así como uno de los motores esenciales de la economía doméstica.

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La década de los 90 ve el crecimiento de nuevos sectores, como la telefonía, la informática e Internet con los que se da el paso a la globalización del crédito. A partir de mediados de esa década el consumo crece de manera exponencial. De los 100 hipermercados y centros comerciales que se registraban en España en el año 1990 se pasa a casi 300 hipermercados y más de 300 centros comerciales una década después.

Cetelem España fue la primera entidad en Europa en permitir a un cliente hacer la petición completa de un préstamo personal en Internet.

Jean Deullin, director general de Cetelem entre 1997 y 2003, lo resume así: “hubo un cambio cultural muy profundo; cada español quería su casa y para equiparla necesitaba crédito al consumo”. De esta manera, el crédito fue impulsado por el nacimiento de un nuevo consumidor. “Cetelem España fue la primera en dar la posibilidad a un cliente de hacer la petición completa de un préstamo personal en Internet, entre los años 2002, 2003, antes que cualquier país europeo”, añade Deullin.

Una nueva crisis a la vista

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Sin embargo, en el año 2008 se hace oficial la crisis que atraviesa el sistema financiero del mundo occidental. El consumidor español cambia de hábitos debido al miedo que empieza a sentir, sumergido en los titulares de medios de comunicación que hablan de excedentes de coches y casas sin vender, objetos que permanecen en grandes almacenes, comida que se tira, desahucios, pobreza y destrucción de empleo. Se hacen visibles las carencias del mercado y la evolución que han alcanzado ciertos hábitos de consumo irresponsable.

Desde ese momento, todos los actores que intervienen en el crédito al consumo viven una situación complicada y trabajan por renovar los compromisos fundamentales con el cliente mediante un crédito responsable basado en la transparencia y la recuperación de la confianza que, además, funcione como palanca para el impulso de la economía española.